Buscaremos el tiempo que no llega,
que se estanca como agua,
y así pútrido se estrella en primaveras podridas,
perdidas.
Hemos intuido que vuestra voluntad flotara mientras los muertos naden por los ríos entre esqueletos desiertos,
la abadía se expandirá,
se enredara.
Hoy los puertos yacen quietos,
los campos,
las calles,
ya nadie quiere mas de esto,
en mi cama espero al universo,
cuando la abadía se molesta de todo y destroza nuestros pasos de una puñalada inquisitiva, pues para nuestros años pasados esto no tiene valor.
No tiene el sabor precioso de un cansancio lujurioso.
La abadía no nos deja encontrar el tiempo.
Ya nadie quiere mas y todo se multiplica como una pesadilla que se saca del cerebro.
La eternidad esta en todo,
en el ritmo de la noche los crápulas se regenera en su barro,
en el ladrido de los perros se regenera lo que alguna vez perdimos en la media noche,
en la intimidad que da el no querer mirar lo que alguna nos hizo vivir.
Nos hizo morir en el eterno cansancio de la existencia.
Ya todo ha dejado de ser o no fue.
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