No me gustan los concursos, esa maldita carrera por los
puntos, de criteriosos intelectuales que
se dejan de mirar el ombligo diez minutos para criticar y clasificar. Es eso y
un poco de pereza la verdad, de poca fe al fin de cuentas, y también la esperanza de jamás ser parte de ese
grupito, clasista y elitista, de apellidos repetidos. Hubo un tiempo en que pretendí jugar su juego,
pero ya es tarde, no volveré a jugar, no quiero hacerme el loco o el
intelectual irreverente de los que esta lleno, me da nauseas al pensarlo y es
gracioso, no quiero respetar puntos ni lineas programáticas, no quiero pertenecer a nada, menos al sentir que no hay nada bueno que entregar.