“Eres como una niña” te dije y
falto de inspiración llene ese instante de modorra, apatía e indiferencia. A
veces me gustaría desaparecer, simplemente desaparecer. A veces esta costumbre decadente de escribir frases sueltas me
aburre, a veces lo amo.
Surgió como un ejercicio mental,
como un mero juego de palabras que se hace real, a veces las realidades son más
complejas que las palabras y esa mera descripción es inútil. Entrampada, presa
de los mismos límites que hacen imposible su descripción, estás tú, lejana,
prisionera de las malditas barreras de la forma, llena de la misma apatía que
expelo a veces o casi siempre, la realidad supera la ficción dicen, tus ojos
negros son insuperables, tu pequeño cuerpo, tus dientes blancos como faros, una
niña detrás de la forma. Eres como un pequeño y constante ejercicio dialéctico,
fugaz, cálida, pequeña. Llena de esa alegría incierta que expresan los
fluorescentes jóvenes de hoy y en el fondo quizá, lejos del ruido afanoso de las
calles de Santiago, sensible mujer de pequeños pasos, de amargos y pequeños
labios, de lágrimas negras y pelo enmarañado.
Fue una tarde que te vi, venia de
la mano de alguien, enredada en el calor de esos días, distante a ratos,
cercana otros tantos, eras una niña en aquellos días, aun lo eres?